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Doctor Alberto Rodríguez: “La primera vez que escuché el himno de mi país en suelo extranjero, ¡lloré!”

Gladiadores de Anzoátegui ha demostrado que cuenta con un cuerpo técnico y un equipo multidisciplinario de alto calibre. Por ello, en esta ocasión, el equipo de prensa del conjunto guerrero quiso contar la historia del Dr. Alberto Rodríguez, actual médico traumatólogo de la plantilla y jefe de la Sala Médica de la Federación Venezolana de Baloncesto (FVB).

Con un nutrido Curriculum Vitae, una constante sed de aprendizaje y de estudios, y centenares de vivencias y anécdotas que contar, Alberto Rodríguez representa una figura de valor y respeto dentro del ámbito que abarca la salud deportiva en nuestro país.

Nació en Valencia, estado Carabobo. Y se autodescribe como un fanático del deporte en general desde que era un niño. Aunado a eso, gracias al hecho de residir cerca de un centro de alto rendimiento deportivo, tuvo la oportunidad de practicar una gran variedad de disciplinas a lo largo de su infancia y adolescencia.

“Fíjate que mi caso es curioso, porque siempre me ha gustado el deporte. Y si me preguntas cuántas disciplinas he practicado, podemos durar toda la tarde hablando…”, comenta entre risas.

Asimismo, agrega que “yo era la persona que tenía loca a mi mamá porque, si quería ser taekwondista, mi mamá decía: “Vamos a inscribirlo en taekwondo entonces”, y así… También practiqué tenis, escalada, béisbol, esgrima, etc.”.

Sin embargo, su deporte predilecto siempre fue el fútbol. De hecho, “yo practiqué con la Universidad de Carabobo. Incluso, estuve en la cantera del Carabobo Fútbol Club. No obstante, llegó un momento en el que las encrucijadas de la vida me dijeron: “O te dedicas a estudiar, o te dedicas a practicar”, explicó Alberto.

Y fue en ese momento que decidió inclinar su balanza hacia los estudios, ya que, por parte de su familia, “no había una buena aceptación para el fútbol debido a que el enfoque siempre estuvo en que yo estudiara, estudiara, estudiara”, sostiene.

Es decir, sus familiares apoyaban el hecho de que Alberto se mantuviera activo practicando actividades deportivas, pero no querían que abandonara la idea de estudiar.

“Recuerdo claramente que un día me dijeron: “Bueno, decide qué es lo que vas a hacer, porque con respecto a los deportes, puedes practicar, jugar, brincar y saltar, pero tienes que estudiar”, contó.

“Por eso siempre he tratado de que la parte deportiva permanezca activa en mí, aunque sea como un hobbie. Pero un hobbie con entrega”, añade.

Y es que, durante esa misma época, Alberto llegó a sentir cierta inestabilidad deportiva, ya que, si quería practicar escalada, por ejemplo, compraba todos los implementos necesarios. Hasta el momento en el que dijo: “¡Ya me aburrí! Ahora ¿qué viene? Quiero practicar tiro con arco. Pero no voy a comprar ni el arco ni la flecha”, afirmó entre carcajadas.

Y fue así como decidió “enseriarse” y comenzar a darle a los estudios la prioridad que merecían.

La Cruz Roja y la ausencia del deporte

En octavo grado, Alberto ingresó a la Cruz Roja. “Empecé como brigadista de juventud, luego fui rescatista, y así fui ascendiendo. Pero yo me preguntaba: “¿Y dónde está el deporte?”. Porque ya no me daba chance de practicar”, refiere.

Sin embargo, siguió adelante con la Cruz Roja. Y cuando llegó el momento de ingresar a la universidad, se preguntó a sí mismo: “¿Qué voy a hacer?”.

“Eso fue a los 16 – 17 años exactamente, cuando estaba con la Universidad de Carabobo, con la Cruz Roja, ya me había graduado y ahora iba a la universidad. Estaba claro de que no iba a tener tiempo de practicar”, especificó.

Formación universitaria

Alberto Rodríguez se trasladó desde Valencia hasta San Juan de los Morros con el claro objetivo de estudiar Medicina en la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos (UNERG).

“Posteriormente, en el mismo estado Guárico, se me dio la oportunidad de hacer el postgrado en traumatología y allí fue donde comencé a desarrollarme como profesional”, indicó.

Pero ¿cómo inició todo?

“Resulta que yo presenté en la Universidad de Carabobo, pero no quedé en Medicina. Después de allí, presenté en la Universidad Arturo Michelena para Fisioterapia, porque yo quería estudiar algo que tuviera que ver con deporte y salud. Quería fusionar ambas ramas. Entonces, la Fisioterapia me parecía acorde a mis deseos, y me inscribí”, explica.

No obstante, Alberto tenía un primo que estaba estudiando en la UNERG, y ese primo le advirtió que se preparara, porque se acercaba la fecha para la prueba.

­—Estudia para esa prueba, que tú te vas a ir para allá. Pero, ¿realmente eres capaz de irte para el estado Guárico?— le preguntó su primo.
—Sí— respondió Alberto.
—¿Seguro?— replicó el primo.
—Sin miedo a nada— aseguró el doctor.

Aún con respuesta positiva y plena disposición, Alberto pensó con cierta gracia: “Te podrás imaginar el hecho de que yo vengo de Valencia… Y de repente, Guárico”.

Luego de eso, presentó y quedó. “Y cuando iba en camino, después de ver sólo vacas y llanuras, me pregunté a mí mismo: “¿Quién me mandó a venirme para acá?”. Pero era mi deseo inmenso de estudiar la medicina y de formarme como profesional”, reflexiona.

En la universidad, estuvo como coordinador del Centro de Estudiantes en el área deportiva, específicamente como secretario de Deportes.

“Para mí, la etapa universitaria fue mágica. Fui creciendo dentro de la carrera, y luego me gradué como médico cirujano”, cuenta.

Cuando Alberto comienza a prepararse para el rural, que es ese año de servicio que el profesional tiene que cumplir y entregar, se le presenta una oportunidad inesperada:

—Alberto, ¿te gustaría estudiar traumatología?— “Y yo feliz porque era la materia que más me gustaba a mí”, dice.
—Claro— respondió.
—Ok, te vas a venir para el servicio de traumatología, vas a hacer dos años, que es la residencia asistencial y, posteriormente, presentarás el postgrado—.
—Bueno, ¡perfecto!— concretó. Y fue en ese momento cuando arrancó su servicio de traumatología… Además, cuenta Alberto que se sentía muy cómodo y pleno, pues se encontraba en su área.

Cabe acotar que siempre ha sido un profesional al que se le han abierto una gran cantidad de puertas, y de forma veloz. Esto, gracias a que siempre ha mostrado su disponibilidad para apoyar de manera desinteresada, sumado a su deseo de seguir desarrollándose como persona y como profesional.

“De repente vienen y me dicen: —Vas a presentar el postgrado. Estudia—”.
—Pero es que yo no tengo el año todavía— respondió Alberto con ciertas dudas.
—Presenta, que necesitamos residentes de postgrado— le replicaron.

Alberto presentó. Y quedó de primero en la lista ante aproximadamente 40 – 50 personas de todas partes de Venezuela: Oriente, Centro y Occidente, porque se trataba de una oferta nacional.

“Para mí, fue magnífico”, rememora. “Quedé de primero en la lista. Y, en ese instante, me di cuenta de que esto es lo mío. Esto era lo que yo quería”, añade.

Por obvias razones, Alberto no podía continuar porque no cumplía con los años reglamentarios para seguir avanzando.

“Tuve que regresar otra vez a la parte asistencial, esperar mi año y presentar nuevamente. Sin embargo, me llevé la satisfacción de haber quedado de N° 1 ante todas esas personas que presentaron. De verdad, ¡fue fantástico!”, recuerda con emoción.

Asimismo, agrega que “fui desarrollando la carrera. Altos y bajos. Pero estaba estudiando lo que me gustaba. Un postgrado es algo sumamente dedicado. Ahí es donde tú mezclas risas, lágrimas, y múltiples sentimientos. De hecho, llegó un momento en el que yo quería renunciar. Sentía que no aguantaba más. Estaba solo en Guárico y la lejanía de la familia es uno de los puntos más difíciles”, detalla.

Fundación Hospital Ortopédico Infantil – Caracas

“Ya siendo traumatólogo, tuve la oportunidad de conocer a una gran cantidad de especialistas a nivel nacional; por congresos, por intercambios, etc. Y me tocó estudiar en Caracas, en el Hospital Ortopédico Infantil. Una de las experiencias más espectaculares que he tenido porque no solamente traté con especialistas venezolanos, sino también a nivel internacional. Y muchos de ellos me aportaron un amplio bagaje de conocimientos, de los cuales siempre absorbí lo mejor”, explica.

Allí se preparó en neuro-ortopedia, columna, desarrollo de miembros inferiores, reconstrucción, cirugía de manos, etc. “Pienso que todos los traumatólogos debemos pasar por el Hospital Ortopédico Infantil, porque nos da un contacto real con la carrera que estamos escogiendo”, dice.

Ya soy traumatólogo… Pero ¿dónde está el deporte?

“Me acuerdo cuando un día estábamos viendo un juego de béisbol del Magallanes mi abuela y yo. Y vi al trainer corriendo dentro el campo. Y le dije a mi abuela: “Algún día yo también voy a estar corriendo dentro ese campo. Y lo visualicé y lo enfoqué, porque era lo que yo quería. Y lo decreté”, especificó Alberto.

También, cuenta que siente gran admiración y aprecio por el que hoy en día es el médico de Los Navegantes del Magallanes y Trotamundos de Carabobo: Flavio Abbatematteo. “De verdad que le tengo mucho aprecio. Varias veces intenté acercarme, aprendí cosas de él, y visitaba su consulta para ver cómo manejaba el área deportiva. Siempre tratando de absorber lo bueno y lo bonito. Flavio fue el que me inculcó a seguir estudiando la parte deportiva, e incluso me decía que me acercara a los especialistas. Me aconsejaba que preguntara, que buscara, que indagara. La verdad es que le tengo mucho respeto”, describe.

Pandemia por COVID-19

Alberto laboraba en el estado Guárico, en Valencia, en Caracas y en Maracay, porque uno de sus objetivos principales era ser un referente dentro de la medicina.

Y, literalmente tocando puertas, llegó a la Clínica del Deporte del estado Guárico. Una de las mejores a nivel nacional por ser un equipo multidisciplinario.

—¡Buenos días! Yo soy el doctor Alberto Rodríguez. Quisiera saber si hay disponibilidad para yo prestar mi servicio de consulta aquí— se presentó.
—Bueno… Sí. Hay un espacio para un traumatólogo los viernes en la tarde— respondieron en la clínica.

Allí, comenzó a trabajar la parte humanitaria, siempre prestándoles el apoyo necesario a los atletas. “Y después de viernes en la tarde, me convertí en lunes, martes, miércoles… No era mi horario, pero yo estaba metido de cabeza allí porque era en la parte deportiva. Y era lo que yo quería”, relata.

Posterior a eso, declararon emergencia sanitaria por COVID-19 (pandemia), se suspendieron las consultas y todo era manejado en modalidad online.

“Caso que yo aproveché muchísimo porque se me dio la oportunidad de estudiar vía remota muchísimos puntos referentes al área deportiva médica, aparte de que ya la Superliga Profesional de Baloncesto (SPB) estaba próxima a iniciar”, recordó Alberto.

Llaneros de Guárico

Así como había venido tocando puertas, a Alberto se le ocurrió preguntarle al director de Llaneros de Guárico: —¿Quién va a ser el médico traumatólogo de Llaneros?—

—Tú— respondió el director.
—¿Yo?— saltó Alberto.
—Sí. Tú vas a ser el médico traumatólogo de Llaneros, Pero, ¿serías capaz de irte algunos meses para Margarita?—, insistió el director, puesto que allá se llevaría a cabo “La Burbuja”.
—Sí. ¡Perfecto!— dijo el doctor ya decidido.

“Me fui con el equipo. Y allí pude conocer a la mayoría del personal de salud del área deportiva dentro del baloncesto nacional: Gigantes de Guayana, Guaiqueríes de Margarita, Supersónicos (en aquel entonces), entre otros. Y la receptividad fue excelente, porque nunca hubo competencia. Al contrario, siempre buscábamos apoyarnos y ayudarnos”, resalta.

“Además, hice grandes amistades que hoy en día conservo. La licenciada Angélica Nieto, de Spartans y Joel Arenas, de Broncos, con quien tuve la oportunidad de trabajar durante tres temporadas”, menciona.

Broncos de Caracas

Por cosas de la vida, justamente allí fue donde Alberto se dio a conocer debido a una emergencia que se presentó con el coach Manuel Berroterán, quien era de Broncos en ese momento, y él, era el único médico…

“Ven acá, Alberto. Vamos a atenderlo aquí, vamos a ayudarlo allá, vamos a hacer esto”, y en ese momento fue cuando él me dijo: —El año que viene, en la próxima temporada, quiero que vengas a trabajar conmigo—. Y él, por supuesto, aceptó.

“Me fui a Caracas, porque yo lo que deseaba era seguir creciendo personal y profesionalmente. Y la experiencia con Broncos, ¡maravillosa!”, manifestó.

Guaiqueríes de Margarita

Ya con la maleta lista para regresar a casa, lo llamó Guaiqueríes luego de pasar a la final con Trotamundos. Y en Guaiqueríes le dijeron: “No, tú no te vas. Queremos que trabajes con nosotros”.

Y de este modo, continúa poniéndose de manifiesto lo dicho anteriormente. Quien está dispuesto a trabajar y a colaborar, siempre tendrá las puertas abiertas en cualquier rincón del mundo.

“En ese momento, en Guaiqueríes, tuve la oportunidad de conocer a Heissler Guillent y a Francisco Centeno, excelentes personas que se han portado a la altura también. Y yo, al caer en cuenta, dije: ¡Wow! Si me buscaron, algo debo estar haciendo bien, pues estamos hablando de atletas referentes de la selección nacional”, dijo.

“¡Pum! Se me prendió el bombillo: Selección nacional”

Luego se trazó una meta mucho más difícil: Llegar a la selección nacional.

“Y rápidamente comencé a trabajar en pro de mi nuevo objetivo. Allí estaba el doctor Juan Letizia, quien había sido el médico de la selección durante mucho tiempo, y se me dio la oportunidad de trabajar en Caracas en el Suramericano U18 (categorías formativas), cuyo director técnico era Ronald Guillén”, apuntó.

Y Venezuela, de acuerdo con las vivencias del doctor, “hizo un papel espectacular. Y, por cierto, gracias a ese papel, fue que ahorita estuvimos en Argentina”.

Argentina

Para Alberto Rodríguez, las palabras que un día le dijeron los profesores Fernando Duró y Ronald Guillén, representan la realidad que, en muchas ocasiones, no sentimos hasta no vivirlas:

El día en que tú escuches el himno nacional fuera de tu país, vas a saber el sentimiento y el valor que debemos darle a nuestro nacionalismo.

Y, efectivamente, Alberto confiesa que “la primera vez que escuché el himno de mi país en suelo extranjero, ¡lloré!”.

Y fue Argentina la nación en la que el médico traumatólogo pudo experimentar esa sensación, ya que, “recogiendo mi maleta nuevamente, el profesor Duró me propone irme a Argentina con el Suramericano Femenino”, aclaró.

“La experiencia fue muy bonita, pero lo que más me marcó fue que una persona que no es venezolana haya sido la que me haya dicho lo importante que es darle valor a nuestro país. Además de que lograra inculcarme valores que hoy en día mantengo y de los que siempre soy portavoz a las nuevas generaciones. ¡Eso no tiene precio!, admite Alberto.

Time out!

Posterior a todos esos viajes sin descanso y experiencias continuas, llegó lo que el mismo doctor Alberto denominó “un tiempo de break” en el año 2022.

Y, aun cuando continuó trabajando la parte deportiva en la Clínica del Deporte, recuerda con cierta alarma aquella época en la que el deporte había sufrido una especie de estancamiento a nivel nacional.

“No lo percibimos porque se estaban llevando a cabo los Juegos Nacionales, pero sí se paralizaron muchos torneos y competiciones durante un tiempo determinado”, insistió.

Gladiadores de Anzoátegui

Alberto alcanzó un punto en el que su pensar era: “Ya logré llegar a la selección. Me parece que es una misión cumplida. Ahora, continuaré mi día a día”.

Luego llegó el año 2023, un año que el doctor describe como “mágico”; como “una verdadera bendición de Dios, de principio a fin”.

Y es que dentro el área deportiva, todo había comenzado a reactivarse de manera veloz. Como si la pandemia no hubiese hecho estragos, por lo que era un factor que había que aprovechar.

“Estábamos muy atrasados con las actividades mundiales y teníamos que ponernos al día. Entonces, terminábamos una jornada, y arrancábamos con otra. No había descanso”, refiere.

Posteriormente, cuando Broncos pasa a ser vendido como equipo, cuanta Alberto que “me quedé en el aire para la Superliga Profesional de Baloncesto. No tenía equipo. Literalmente, era agente libre. De igual manera, me presentaron ofertas con Spartans Distrito Capital, con Broncos nuevamente; sin embargo, no se concretaba nada”.

Conversando con “Cheo” (José Salazar), Gerente Deportivo de Gladiadores de Anzoátegui y a quien conoció en una de esas tantas actividades de las ligas pasadas, surgió un ofrecimiento. Y, como dice “El Padrino”, fue una oferta que el doctor no pudo rechazar, tomando en cuenta que aún se encontraba sin equipo para la temporada.

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De hecho, la amistad entre ambos nació, prácticamente, a partir del día en que Alberto le prestó una colaboración al gerente atendiendo una lesión de Humberto Bompart (fractura de nariz).

“Y fíjate, venir a Gladiadores en 2023 fue conocer el campeonato de la liga”, rememora. Luego de eso, y muy esperanzado, dijo: “Ahora, viene un receso”.

¿Receso…? ¡Sí, claro! Seguro…

España

Alberto se encontraba en la cena de despedida de Gladiadores, y, sin pérdida de tiempo, le dijeron: “Tienes que presentarte en Caracas, porque ahora vas para España”.

—¿Cómo?— respondió Alberto.
—Sí, te vas para España. Vas a hacer la preparación en Caracas porque viene un torneo que se llama Torneo Peak, y pues, te tienes que ir— le respondieron.
—¡Manos a la obra!— dijo Alberto entusiasmado y sin titubear. Y volvió a la selección.

En España ejecutaron una buena pretemporada. Y todo iba bien, hasta que, de pronto, le solicitaron el pasaporte y le dijeron: “Firme aquí”. “Era la visa china. Y de ahí, brinqué para allá”, relata entre risas.

China

“Llegué a China. Hicimos un torneo espectacular con equipos mundialistas: Angola, Irán, etc. Y, al otro lado del mundo, estaba el equipo de mayores cumpliendo con su gira premundial, justamente paralelo a la actividad que veníamos ejecutando nosotros. Pero, en ese caso, ellos se dirigían a Japón”, especifica.

Una vez finalizada la jornada en China, el doctor se encontraba preparando su maleta para regresar a casa en condiciones normales.

“De repente me soltaron un ropero encima, y otra maleta más. Y me dijeron: —Esta es la indumentaria de Japón. Así que prepárate, porque ¡vas para Japón!— le dijeron.

Y la expresión de Alberto fue: “¿Quééé? ¡No puede ser! ¡Esto es una bendición!”.

Ese día, desayunó con el presidente de la Federación, Hanthony Coello, y este último le hizo la propuesta de manera formal y le encargó “echarle ganas” y asumir las responsabilidades. A lo que Alberto respondió: “¡Vamos! ¡Cuenta conmigo!”.

Japón

“Me monté en mi avión con Ronald (Guillén) y nos fuimos para Japón”, continuó.

Y con respecto a la sensación de estar en un mundial con su país y entender la magnitud del evento en el que estaba laborando, el doctor la define como “una de las experiencias que no voy a olvidar jamás”.

“Y es que estar en un mundial de baloncesto, es muy similar a estar en uno de fútbol. Es la gente en la calle, es una fiesta deportiva, es la energía. Y que de repente tú estés en el comedor, y te tropieces con Luka Dončić, te deja sin palabras…”, expresa.

Luka, ¡una foto!

“Una anécdota muy chistosa que siempre recuerdo, es que yo quería una foto con Luka (Dončić), por supuesto.

Un día, me lo conseguí en el ascensor. Y, como él estaba hospedado en el piso 8, igual que yo, dije: —Nada, ¡perfecto! Este es el momento—.

Yo me estaba acomodando la camisa, preparando el teléfono (poniéndolo en modo cámara), y creo, incluso, que él se dio cuenta.

Transcurrieron unos instantes, y yo estaba esperando que se detuviera el ascensor para la respectiva foto en el pasillo.

El ascensor se detuvo. La puerta se abrió. Yo me bajé. La puerta se cerró. Y Luka siguió… ¡No pude! Y lo que hice fue morirme de la risa solo en el pasillo, por el show.

Llegué a mi habitación, me di un baño, y luego bajé. Y cuando voy bajando, me lo encontré de nuevo. Estaba en el destino…

Entonces, en ese momento, una chica le pidió una foto, y yo le dije que se la iba a tomar, pero con la finalidad de que ella también me tomara una a mí después. Y así fue como logré tener una foto con él…

En determinados momentos, lo único que decía y pensaba era: —¡Wow! Hace dos años estaba con Llaneros de Guárico. Y hoy, estoy en el mundial de baloncesto con la selección nacional—. Eso para mí fue… ¡Increíble! Fue un sueño hecho realidad que no estaba anotado en mi checklist”, contó Alberto.

La prueba…

Resulta que, en pleno torneo, se desgarró Michael Carrera y se fracturó Gregory Vargas. Ambos, en el mismo encuentro.

Allí estaba el doctor Letizia, y Alberto fungía como suplente.

“Eso fue como una prueba para saber si estaba capacitado para manejar la sala médica de un equipo mundialista. Y me lo puse como reto. Simplemente dije: —¡Manos a la obra! Vamos a hacer esto, vamos a hacer aquello, muévete para allá, muévete para acá—”, relata.

“Un idioma que no dominaba, un inglés que “machucaba” y luchando para que el traductor transmitiera lo que yo realmente quería decir, eran algunos de los muchos factores con los cuales me tuve que enfrentar”, afirmó.

¿Quién es Gregory?

El doctor Alberto no dudó en expresar su agradecimiento y el gran cariño que siente por Gregory Vargas, “El Súper Ratón”, a quien define, entre otras cosas, como un “mentor”.

“Gregory me ha ayudado mucho. Más allá del baloncesto, como persona se ha comportado de lo mejor conmigo. Me ha aconsejado, e incluso, a veces “echando broma”, me dice cosas con la intención de que yo las agarre en el aire”, refiere.

“Cuando me tocó participar en su cirugía en Okinawa, una cosa que jamás imaginé que sucedería, me sentí como que si fuera la eminencia médica del deporte nacional, porque me recibieron de una manera que no puedo describir. De verdad que la cultura oriental / asiática es muy correcta. Muy pulcra. Muy culta. ¡Magnífica!”, detalla.

Alertas de misil nuclear y de tsunami

“Un día estábamos acostados en la habitación mi roomie y yo, que en ese momento era Daniel Galíndez, fisio de la selección y de Trotamundos.

De pronto sonaron las alarmas de los teléfonos y leí “Alerta de lanzamiento de misil nuclear hacia las costas de Okinawa”. Y le dije a Daniel:

—Mano, párate. Algo está pasando—.

Luego abrí la ventana del balcón, escuché una sirena y dije: —¡Esto es verdad! No es ningún simulacro. ¡Esto se acabó!—.

Enseguida abrimos la puerta y vimos que estaban corriendo los alemanes, aunado a los gritos y el desespero de otras personas, me hizo repetir: —Algo está pasando—.

Entonces, en lugar de entrar en pánico, lo manejé. Y dije: —Si corremos todos para el mismo lado, nos vamos a estrellar. Vamos a esperar a ver qué es lo que va a pasar—.

¿Qué pasó? Que nos dijeron: —Tienen que resguardarse bajo tierra—. Y respondí: Estoy en una costa. ¿Dónde está la tierra? ¿Debajo de cuál tierra me voy a resguardar? Ahora sí es verdad…—.

Posterior al hecho, le preguntamos al vigilante qué ocurría. Y nos respondió: —Tranquilos. Esa alarma ha sonado durante aproximadamente 20 años. ¡No hay problema! No va a suceder nada—.

Y nos fuimos a acostar…

A los dos días, surgió otra alerta, pero de tsunami. Y el hotel estaba ubicado justamente en frente de las costas de Okinawa. De hecho, a “Tacu” (Julio Cabrera), utilero de Gladiadores de Anzoátegui, y a mí, nos tocó ver cómo se recogió el mar.

Pasamos ese susto. Pero, gracias a Dios, no pasó a mayores… Pero sí llegué a pensar: —A Venezuela me regreso quemado o ahogado”—, rememoró.

Regreso a Venezuela

Alberto describe como “increíble” la experiencia vivida en Japón, aun cuando los resultados obtenidos no hayan sido los esperados debido a que las expectativas eran otras.

“Cuando llegué a Venezuela, no te imaginas la cantidad de entrevistas e invitaciones a programas que recibí, porque todo el mundo quería saber todos los detalles referentes a este evento”, recuerda.

El nombramiento

En octubre de ese mismo año, Alberto recibió una llamada muy importante:

—Tienes que estar pendiente de una rueda de prensa que voy a dar mañana a las 10:00 de la mañana. ¡Que tengas buenos días!—, le comunicaron.

Al día siguiente, a las 10:00 de la mañana puntual, el doctor se encontraba viendo la rueda de prensa, y fue allí donde le asignaron el cargo que actualmente ocupa: Jefe de la Sala Médica de la Federación Venezolana de Baloncesto. Categorías formativas, masculino, femenino, absolutas, etc.

“Después me di cuenta de que no hubo techo para mí en el momento cuando dije que ya había llegado a la selección. Sino que yo quería ir más allá”, recalcó.

Objetivos a futuro

“No pienso durar toda la vida en este cargo. Creo que Venezuela tiene la capacidad de formar profesionales en el área deportiva porque hay posibilidades de especialidades y de crecer en este ámbito, y yo sé que vamos a tener una buena cantera de formadores en el área médica”, asegura el doctor.

“Ese es uno de los nortes que tengo establecidos en este momento. Y estoy trabajando para ello. Quiero educar y quiero formar a profesionales de la salud que sean médicos deportivos. Ya basta de empirismos. No seamos brujos. Seamos personas profesionales, porque estamos tratando con atletas profesionales en algo tan serio y delicado como la salud”, agrega el doctor Alberto haciendo respeto al slogan que lo representa: “Un equipo sano, victoria segura…”

Al mismo tiempo, sostiene que ese representa su proyecto 24/25 en el que se dedicará a trabajar en la parte formativa, pero de profesionales de la salud.

“Por eso llevo una comunicación directa con mis colegas en el área médica de toda la liga, precisamente para monitorear, saber cómo están los muchachos e ir brindado soluciones que, aunque no sean de mi equipo, puedan ayudarlos en algo”, indica.

Para Alberto Rodríguez, es muy importante dar a entender que el médico deportivo tiene que ver, principalmente, con la prevención de la lesión, y no con buscar las maneras de resolver después de la lesión. Por ello, para evitarlas, establece que:

“Primero: Tienes que trabajar desde el punto de vista nutricional.
Segundo: Tienes que trabajar con el preparador físico para el control de cargas.
Tercero: Tienes que trabajar con el fisioterapeuta para evaluar todos los procedimientos que se llevan a cabo.
Cuarto: Tienes que trabajar con el coach y con los asistentes técnicos para conocer y medir las intensidades de los distintos entrenamientos”.

Y es que Alberto tiene claro que un equipo multidisciplinario debe ir en pro de la salud del atleta. “Uno tiene que ser hasta psicólogo, porque si tú ves que un muchacho tiene problemas en su hogar, ten la seguridad de que ese muchacho no va a venir enfocado a la cancha. Entonces, tienes que buscar las maneras de llevarlo a esa zona de confort”, alega.

Asimismo, afirma que “no se es traumatólogo solamente porque se dobló el tobillo o porque se golpeó. Esto es un abanico totalmente abierto. Un compás demasiado amplio de distintas patologías. Por eso, cada día que pasa, trabajo más y abarco más”.

Lo más difícil

“Yo siempre digo que, cuando tú haces lo que te gusta, no trabajas. Es una pasión remunerada porque estás cómodo. Claro, en mi caso, yo me ausento de mis hijas, de mi familia. Y creo que esa es la parte más difícil de la profesión”, dice.

“Por ejemplo, el año pasado, pasé mi cumpleaños (22 de agosto) montado en un avión viajando a Japón, pero mi hija cumple el mismo día que yo. No obstante, son sacrificios que uno hace pensando en ellos, porque siempre el enfoque es y será hacia el bienestar de ellos”, aclara.

¿Qué significa “Gladiadores” para Alberto Rodríguez?

“Gracias a Dios siempre he logrado encajar en equipos que son muy amplios, que me han brindado esa mano y ese cariño que me demuestran que son una familia para mí. En el caso de Gladiadores, por ejemplo, desde el señor Jesús Salazar, que es quien me lleva y me trae, hasta el señor Fabián como dueño del equipo, son considerados una familia, y siempre tratamos de que esto se mantenga”, puntualiza.

Al mismo tiempo, el doctor deja claro que, aunque todas las familias tengan problemas, “nosotros mismos buscamos las herramientas para solucionarlos y seguir adelante con nuestro proyecto”.

“La organización Gladiadores, para mí, es una de las más competitivas, serias, responsables, y sobre todo, donde valoran y respetan el trabajo del profesional de la salud o del profesional deportivo. Pero, sobre todo, reconocen la trayectoria tanto de los jugadores, como del personal. Por eso me enorgullece trabajar en una organización como esta”, recalca.

El valor de los tras bastidores

Para nadie es un secreto que un equipo de baloncesto o de cualquier otra disciplina, no es exactamente lo que las personas observan desde las gradas.

“Hay un tras bastidores que la gente no conoce. Y eso es lo que aprieta el tornillo. Desde el señor Marco (Montana), quien, en este caso, es el encargado de encender las pantallas, hasta los jugadores, tienen un valor. La labor de todos es importante. Y nosotros estamos aquí para brindarle un buen espectáculo al público y para seguir llevando el nombre de la organización en alto”, profundiza.

El manejo del ego, según el Dr. Alberto Rodríguez

Yo siempre digo que todos tenemos un templo interior…

Debemos saber elevar nuestras virtudes, pero también saber dominar nuestras pasiones. ¡Eso es vital!

A veces, el ego es un pecado capital que nos hunde. Y yo pienso que el sol sale para todos. Es decir, no hay nadie más que nadie, ni nadie menos que nadie.

Si tú estás en un barco y remas hacia un lado, y yo estoy en la punta y remo hacia el otro, nunca vamos a avanzar.

Gracias a Dios, la humildad es un valor que siempre me ha caracterizado. Un valor que me inculcó mi familia y que siempre pongo en práctica, porque un día puedo estar en la cúspide, pero al otro día puedo estar en el suelo.

Un día puedo aplaudir, y al otro día me puede a tocar arrodillarme…

Publicado: Sunday, Jul 07

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